19 nov. 2016

Peniques por un cuento



Pasaba todos los días por la puerta de aquella pequeña tienda. Ni siquiera sabría deciros que había en su escaparate, sólo reparaba en el señor que permanecía sentado en la puerta, y al que debía sortear cada mañana en mi carrera de fondo hacia la boca de metro.
—Peniques por un cuento —decía bajito, casi susurrado cuando alguien pasaba por su lado. Yo, que apenas tenía tiempo para lo básico, menos lo tenía para sus tonterías, lo pasaba molesta y no prestaba más atención.
Una mañana iba acelerada a una reunión importante, daba sorbos cortos a mi café de Starbucks, cuando algo duro me golpeó la espinilla haciéndome caer de bruces. Tropecé con el bastón del hombre. Me enojé. Fui a increparle, cuando reparé que era un bastón blanco de esos que utilizan los ciegos.  —Peniques por un cuento— volvió a susurrar, mirándome a los ojos, aunque los suyos bailaban en las cuencas.
Me levanté sacudiéndome la falda airada. La camisa, de firma, manchada de café; las medias rotas, dejaban ver las rodillas completamente despellejadas, como cuando era una niña pequeña. La mujer, que salía justo en ese momento del establecimiento se dirigió a mi apurada.
—¿Joven, se ha hecho daño?
La miré distante. —No, pero acabo de perder un contrato millonario por no llegar puntual a mi reunión.
El hombre ciego se levantó, me agarró la mano y me llevó al interior.
—Bonita voz, entra que te curen las rodillas, pequeña. Mientras me lees un cuento.
Cuando entré en la librería el mundo dejó de ser gris y veloz tal como estaba acostumbrada. Era como otra dimensión. La señora me sentó en una silla, mientras iba a por el botiquín y el hombre me ponía un cuento en las manos.
—Lee pequeña, lee para mí.
Así pasé la mañana, leyendo “Alicia en el país de las maravillas” en la librería mágica, con dos seres extraordinarios que me hicieron frenar y ver más allá del mundo gris en que nos movemos.
Perdí mi trabajo, pero ahora escribo y leo en su librería “Mis cuentos por un penique”.

1 comentario:

  1. Me encanta. Que maravilla poder parar el tiempo y volver a ser niña, a través de los cuentos

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