17 oct. 2016

Detalles para la imaginación

A mi hermana...

Y de todos los regalos que había bajo el árbol yo elegí la libreta. 
En principio, la escogí pensando que era un libro, supongo que por esa debilidad que siento por los libros desde muy pequeña. Tan solo tuve que tocar el paquete para averiguar que no lo era. Lo abrí nerviosa. No recuerdo el papel de regalo, pero seguro que era bonito, porque ella se encargaba de elegirlo especialmente para mi y todos mis regalos iban envueltos con ese mismo papel.

Era una libreta de gusanillo blanco, la portada era turquesa con dos chicas muy estilosas que aparecían sonrientes. “Es una libreta de niña grande”, pensé mientras observaba que las hojas eran folios blancos y lisos. Se acabaron los cuadros y las rayas; ya era lo suficientemente mayor para escribir en una libreta en blanco y que mi escritura fuese firme, sin hacer olas o torcer renglones.

Imaginación
La abracé contra mi pecho y discretamente aspiré su olor.

Mi familia permanecía expectante. ―¡Abre otro regalo! ―decía mi hermano impaciente. Pero yo no quería nada más, ahora quería sentarme a imaginar e ir rellenando las inmaculadas páginas de ese cuaderno.
Pero debía seguir descubriendo regalos.
Mis padres hacían ese paripé todos los años y yo les seguía el juego. ¿Hasta cuándo? No lo tenía claro. En el fondo me gustaba. Era la más pequeña de la casa y si me hacía mayor se perdería toda la inocencia y emoción que aún se respiraba en determinadas fechas.
Miré a mi hermana sin soltar la libreta y agradecí con la mirada; sin duda era ella el artífice de ese gran regalo. Me guiñó un ojo y sonrió.
Abrí el siguiente regalo con entusiasmo, pero con la libreta debajo del brazo. Era un paquete pequeño y alargado, envuelto con el mismo papel y mimo. Lo desenvolví con las miradas de todos en mis manos. La caja contenía un precioso bolígrafo turquesa con cristales brillantes que centelleaban como diminutos diamantes. Lo saqué con cuidado de la funda y lo cogí entre los dedos como si fuera a escribir, para familiarizarme con él. El clip era una pestaña plateada con mi nombre grabado en letras de imprenta.

Volví los ojos a mi hermana de nuevo, y vi que sonreía satisfecha.
“Ya tienes tu kit de escritora”, me susurró y no pude más que sentir una enorme emoción.

Desde entonces mi amor por las libretas ha ido en aumento. La colección es cada vez mayor, me llegan de todas partes y por todos los medios al igual que los bolígrafos. 

El kit de escritura me acompaña siempre: en cualquier bolso hallarás un bolígrafo de diferente tamaño o color y una libreta pequeña con notas, ideas o fragmentos. Algunas en blanco a la espera de su momento; otras descansarán por siempre en un cajón porque son demasiado bonitas para usar o porque tienen una gran carga emocional para exponerlas al uso o el desgaste.
Siempre recordaré aquella primera libreta y el bolígrafo que con tanto cariño y quizá con un “mucho” de intuición, mi hermana me regaló hace ya casi tres décadas.

Algunas de las Libretas de mi colección

8 comentarios:

  1. Ha quedado precioso, emocionante y muy tierno. Enhorabuena Eli y a tu hermana por el amor que destiláis sólo con leer este bello relato. Felicidades!!

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    1. Gracias María!! Ella es un ser excepcional. Muacks

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  2. Es curioso Eli,yo tambien tengo mil libretas. Algunas ni siquiera pienso usarlas. Me encantan las libretas. Precioso homenaje :)

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    1. Lo sé, es algo que llevamos dentro las personas que sienten esa pasión por las letras. Gracias preciosa. Muacks

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  3. Es una preciosidad mi vida, cuanta ilusión y buenos recuerdos compartidos, felicidades, cada dia lo haces mejor

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    1. Gracias Manita, vuestro apoyo es fundamental. Beso

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  4. Respuestas
    1. Muchas gracias Javier. Escrito con mucho cariño.

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