11 jul. 2016

¿No ha sido un sueño?


Despertamos enredados, mis piernas entre las suyas, mi pelo alborotado sobre su pecho. Su olor. El tacto y suavidad de su piel. Volvería a perderme en ese cuerpo. 
Un suspiro profundo me hizo intuir que había despertado, pero su voz ronca acabó por confirmarlo.
—Sé que estás despierta. Me hace cosquillas el aleteo de tus pestañas.
Me sobresalté. 
No podía ser ese olor, ese cuerpo y esa voz de la persona que era. No me atrevía ni a levantar la cabeza. No contesté en mi afán de hacerme la dormida, con la firme intención de urdir un plan para escapar de allí, antes de que la vergüenza y el pudor me inmovilizaran del todo.
Acercó la mano a mi barbilla para levantar mi cabeza, las mejillas me ardían. 
Nuestras miradas se cruzaron y ahí estaba él. Ese hombre por el que suspiraba desde hacía años, ese chico que se subía a un escenario y me hacía llorar, reír, cantar, bailar. 
Sabía cada una de sus canciones, sus gestos y manías. 
Era él, el que ahora sonreía solo para mí.

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